Panagaita en el RIU

Este 30 de octubre goce al ritmo de la gaita en el Riu

 

 

La nostalgia y alegría convergen en los temas de Panagaita

 

 

Las costumbres no se quedan mudas en el corazón por más distante que las personas estén de su país, mientras haya amor por sus tradiciones, se pueden seguir cultivando. Esta pasión fue la impulsora del nacimiento de  Panagaita, una agrupación gaitera conformada por 14 músicos venezolanos de diferentes regiones, que residen en el istmo y que sienten la necesidad de drenar su nostalgia a través del ritmo decembrino, alegre y único. Canciones cargadas de alegría que hablan del amor, del país, de la cotidianidad, costumbres y hasta de la política, en tono de protesta.

Este jueves 30 de octubre, a las 8:00 de la noche, en el hotel Riu, panameños y venezolanos vuelven a unirse al son de las canciones de la gaita, ritmo dicharachero y muy alegre que pone a bailar a todos y que muestra parte de la cultura popular venezolana, especialmente en vísperas decembrinas, hasta el último día del año.

 

Es bueno saber

Según Joan Corominas, filólogo y etimólogo español, la palabra «gaita» procede del gótico gaits (aunque aún no está muy definido), término que también utilizan las lenguas del oriente europeo (gaida en Hungría, gainda en Creta o gayda en Yugoslavia), que significa «cabra», ya que de la piel de este animal se realiza la membrana de «furro», instrumento emblemático de la gaita. Esta música se escucha todo el año en el estado Zulia y en Navidad en toda Venezuela.

 

Cultivar las raíces

Luis León, fundador y tambora: “Fue una idea que surgió cuando llegamos porque quisimos que los diciembre fueran distintos. Para mí, la gaita es mi vida”.

 

Carlos Canelones, coordinador general y charrasca: “La gaita, además de ser manifestación cultural, es un modo de expresión. Cantar gaitas es cultivar nuestras raíces”.

 

Wilmer Villalobos, dirección musical y cuatro: “Estar en Panagaita es lo máximo. Llevo esa música en las venas y, la verdad, me mantiene con ganas de seguir”.

 

 

Texto y fotos: Nervis Araujo

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