Principales mitos del cáncer de próstata

Principales mitos del cáncer de próstata en Panamá

 

 

 

En el Instituto Oncológico Nacional de Panamá, el cáncer de próstata ocupa el primer de incidencia en el sexo masculino.

 

Temor a la realización de exámenes clínicos, es la principal barrera para la detección temprana, 35% de los casos se diagnostican tarde.

 

De acuerdo con el Registro Hospitalario de Cáncer del año 2013, el cáncer de próstata registró 227 casos en Panamá. Según grupo de edad, la incidencia más alta se presentó en el grupo de pacientes de 60 a 69 años con 96 casos, es decir un 42.3%.

 

Diversas campañas de prevención de esta enfermedad se organizan a nivel gubernamental e instituciones privadas en nuestro país, sin embargo, la falta de información y el miedo alrededor de este padecimiento lo han convertido en un problema que sigue afectando a la población.

 

A nivel latinoamericano 1 de cada 4 pacientes llegan tarde a su primera cita de detección; para el Dr. Francisco González, Gerente Médico de Oncología de Janssen Centroamérica y Caribe, este es el principal problema para poder curar un paciente a tiempo.

 

“La principal ventaja de la detección temprana aquí es curar. A nivel internacional un 35% de los pacientes llega cuando ya los tenemos que trasladar a cuidados paliativos porque ya no hay nada que hacer; temor a la realización de exámenes clínicos, mitos de sexualidad y otros temas personales son los peores enemigos del paciente” afirmó González.

 

Aunque el cáncer de próstata se presenta en pocas ocasiones en hombres menores de 40 años,  no se debe descartar esta posibilidad.  Esta enfermedad se propaga rápidamente después de los 50 años. Alrededor de 6 de 10 casos de cáncer de próstata se detectan en hombres mayores de 65 años.

 

Cuando el cáncer de próstata hace metástasis es resistente a los tratamientos médicos o quirúrgicos que bajan la testosterona, esto ocurre cuando el cáncer se ha propagado más allá de la próstata y la enfermedad sigue avanzando.

 

Según el Dr. Francisco González, estos son los principales  mitos del cáncer de próstata:

 

Mito 1: Si llevo un estilo de vida saludable no debe existir la posibilidad de tener cáncer de próstata.

 

Cualquier hombre puede desarrollar cáncer de próstata, incluso aquellos que llevan un estilo de vida saludable con buena alimentación.

 

El riesgo aumenta si en la familia hay historiales de cáncer de próstata.

 

Los hombres de raza negra están en mayor  riesgo de tener la enfermedad.

 

Mito 2: El cáncer de próstata puede tener su origen en el tipo de vida sexual que lleve el hombre.

 

No hay evidencia clínica que el cáncer de próstata esté relacionado con la vida sexual del hombre (pareja estable, diversas parejas o preferencia sexual).

 

El cáncer de próstata no está relacionado con enfermedades de transmisión sexual, ni éstas están relacionadas con la aparición de la enfermedad.

 

Mito 3: No tengo síntomas, esto es señal que no tengo la enfermedad.

 

La mayoría de los hombres no presenta síntomas.

No hay que esperar a la aparición de síntomas para consultar con un médico.

 

Mito 4: Si no tengo ningún síntoma no debo realizarme exámenes médicos.

 

El llamado es a realizarse los exámenes de rutina. Las pruebas médicas se utilizan para detectar más fácilmente la enfermedad en una etapa temprana.

 

Mito 5: Las pruebas de diagnóstico para detectar el cáncer de próstata son sólo para adultos mayores.

 

A los 40 años se deben comenzar las pruebas diagnósticas.

Existen casos esporádicos de adultos jóvenes con la enfermedad.

Hasta los 50 años las pruebas deben hacerse cada 2 años.

Después de los 50 años deben hacerse de manera anual.

Los hombres mayores de 65 años están en mayor riesgo.

 

Mito 6: La prueba del PSA en sangre (antígeno específico de próstata) es suficiente para descartar o confirmar la existencia de cáncer de próstata.

 

El chequeo médico para descartar o diagnosticar el cáncer de próstata debe incluir el examen en sangre PSA y el tacto rectal. Ambos exámenes son complementarios, uno no excluye el otro.

Realizar ambos  exámenes incrementa la posibilidad de detectar la enfermedad en población que no tiene síntomas.

 

Mito 7: Un resultado de la prueba del PSA elevado quiere decir cáncer de próstata.

 

No todo lo que aumenta el nivel de PSA es cáncer. Existen otros factores que pueden elevar este antígeno, tales como:

Infecciones en la próstata.

Hiperplasia benigna de la próstata.

Eyaculación.

Tacto rectal, de ahí la importancia de hacer este examen primero que la prueba de  PSA.

 

Mito 8: El cáncer de próstata no mata, se cura con la extirpación de la próstata.

 

Existen diferentes etapas para el cáncer de próstata.  En su fase más avanzada, este tipo de cáncer puede extenderse a otros órganos.  El tumor puede invadir  la vejiga, recto, o estructuras cercanas  y puede propagarse a los nódulos linfáticos, huesos y otras partes del cuerpo.  Esto es conocido como cáncer de próstata metastásico.

 

Mito 9: Como en cualquier tipo de cáncer, el único tratamiento para el cáncer de próstata es la quimioterapia.

 

Existen diferentes tipos de tratamiento para el cáncer de próstata, dependiendo de la etapa en que sea diagnosticado:

 

Vigilancia activa.

Cirugía.

Radiación.

Terapia hormonal: este tipo de terapia representa una innovación terapéutica de gran valor para los pacientes con cáncer de próstata avanzando que ya  presentan metástasis.  Un ejemplo de terapia hormonal es el acetato de abiraterona (nombre de la molécula).

 

Dentro de los beneficios terapéuticos más importantes se encuentra que  detiene o desacelera la producción o acción de la testosterona en el cuerpo, disminuyendo el ritmo de crecimiento del cáncer de próstata o reduciendo el tamaño del tumor.

 

 

 

Los datos clínicos y estadísticos de este tratamiento demuestran una mejora significativa en los aspectos funcionales y emotivos del paciente.   Reciente data clínica, ha comprobado que los pacientes han incrementado su supervivencia de los 35 meses a los 53,6 meses y que los indicadores relacionados a su calidad de vida (vivir sin dolor y desenvolverse de manera habitual sin limitaciones por la enfermedad), mejoran significativamente.

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