Vaping, una pandemia silenciosa

Vemos como el cigarrillo tradicional ha sido reemplazado en muchos consumidores por el electrónico porque supuestamente es menos nocivo.  Vamos a conocer un poco más de ellos, empezando por el hecho que todos los cigarrillos electrónicos (CE’s) funcionan igual. “La succión del fumador activa un microprocesador, este usa la corriente que recibe de la batería y genera un voltaje que calienta rápidamente el líquido (nicotina, químicos, metales y saborizantes) que está en el tanque y lo convierte en vapor que produce daño al organismo”, nos explica el Doctor Bruno Hamerschlagg, Neumólogo del Hospital Paitilla.

Varios de los estudios que usa la industria del tabaco para sustentar que los cigarrillos electrónicos no son nocivos, no cumplen los parámetros requeridos. Ya suficientes estudios científicos, no financiados por la industria del tabaco, han demostrado lo contrario. Los fumadores de ENDS (nombre registrado que significa “dispositivos electrónicos que dispensan nicotina”), también conocidos como Vapers, empiezan a fumar mucho más temprano, desarrollan adicción igual que los fumadores de tabaco y muy pronto están fumando mayores cantidades de nicotina que un fumador habitual promedio y tienen mayor probabilidad de migrar a otro tipo de drogas.  

Además de nicotina, tanto el fumador activo como el pasivo inhalan formaldeído, glycerol, propilenglycol, tolueno, xyleno, nitrosaminas, acrilamidas y varios metales microparticulados y disueltos. Estos producen, con rapidez, un estado inflamatorio persistente en las paredes de los vasos sanguíneos y en órganos como los pulmones (bronquios, alveolos y vasos sanguíneos pulmonares llegando a una posible pérdida permanente de la función pulmonar), el cerebro y el corazón, además de varios tipos de cáncer como el de mama.  

“La FDA prohibió la venta de cigarrillos electrónicos con nicotina y saborizante en los EE.UU., pero se siguen produciendo y vendiendo y el mercado tanto interno como externo. Varias marcas que decían no contener nicotina sí la contenían. Y es probable que esto siga ocurriendo, porque los organismos regulatorios no se dan abasto para hacer pruebas suficientes a todos y retirarlos del mercado.  La epidemia de la que se hablaba antes del COVID-19 era de EVALI, una enfermedad pulmonar aguda severa que ocurría en adolescentes y adultos que fumaban cigarrillos electrónicos. La investigación estaba ya en el Congreso de los EE.UU. sin embargo por el Covid-19 ha quedado en suspenso”, amplía el Doctor Hamerschlagg.

Vaping en la niñez y adolescencia

Los niños, adolescentes y adultos jóvenes son y serán los más afectados a mediano y largo plazo ya que la nicotina y otros productos tóxicos del cigarrillo electrónico producen cambios y daños permanentes en el cerebro. Dañan la barrera o malla protectora que tiene la capa más interna de los vasos sanguineos y que evita la entrada de sustancias tóxicas al cerebro al igual que en el corazón. Con respecto al cáncer de mama, el estudio de la población inglesa que abarca a más de 100,000 mujeres por arriba de los 13 años, ha demostrado el aumento exponencial de riesgo en niñas, especialmente entre las que empezaron a fumar antes de los 17 años.

Inclusive veinte años después de haberlo dejado, aún mantienen un riesgo 20% mayor al de una adolescente que nunca fumó. Si, además, tienen alguna historia familiar de cáncer de mama, el riesgo se eleva a 56%.  En autopsias de adolescentes que fallecieron en accidentes automovilísticos y que eran fumadores exclusivos de cigarrillos electrónicos, se encontró una disminución de 50% en el número de neuronas jóvenes en el área del cerebro relacionada a la memoria, la sensación de bienestar y la cognición.

“El momento pico para desarrollar adicción es la adolescencia. La nicotina produce adicción y por otro lado, el cerebro humano relaciona los sabores, especialmente los de frutas, pastillas, postres, chocolate y miel, con momentos placenteros y constituyen parte de la estructura de la personalidad del niño y el adolescente. Los más de 15,000 sabores disponibles son el vehículo para traerlos a la adicción, en el momento en que son más susceptibles”. 

El cerebro del adolescente (y hasta los 24 años) entra en un proceso de remodelación durante ese período de la vida. Las áreas en cuestión están involucradas en la toma de decisiones, control de impulsos, capacidad para mantener la atención, capacidad de mantenerse enfocado y trabajar para lograr metas concretas. Además, concentran parte de la inteligencia y funciones cognitivas. La corteza prefrontal también juega un papel en definir nuestra personalidad y nos ayuda a entender y a responder apropiadamente a situaciones sociales. La nicotina y la marihuana se fijan allí en esta fase crucial y pueden distorsionar estructura y función cerebral (lo llamamos plasticidad neuronal), permanentemente.

En Panamá, en solo cuatro colegios auscultados durante el año 2019, entre 40 y 80% de todos los estudiantes que cursaban entre 8vo. a 12vo grado fumaban activamente o habían fumado cigarrillos electrónicos durante los últimos 3 meses. En Panamá existe una ley que prohibe su venta y su uso, pero se mercadean libremente en las redes sociales.

Sumamos a esto el aumento del consumo de marihuana a raíz de los cigarrillos electrónicos.  “Estos son los números publicados el 7 de febrero de 2022 en JAMA Pediatrics: Cerca de 35% de los adolescentes que fuman CE’s entre 12 y 14 años, 51% de aquellos entre 15 y 17 años y 54% de los adultos jóvenes entre 18-24 años, vapean marihuana en la actualidad, en los EE.UU. Más de la mitad utilizan el Vaper para el uso de esta sustancia provocándose daño probablemente de manera permanente”.

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